Se cree (Given 1994) que en la tierra conviven al menos 5 millones de especies, quizá tantos como 30 millones. De ellos, unos 235.000 corresponden a plantas con flores, mientras que unos 325.000 son plantas sin flores como algas, hongos, líquenes, musgos y helechos. Todos ellos son importantes para el mantenimiento de los ecosistemas terrestres puesto que ocupan un lugar dentro de la compleja red de interacciones que existe entre los diferentes organismos de esos ecosistemas. La desaparición de una especie acarrea consecuencias, generalmente desconocidas para el hombre, para otras especies de su entorno que conviven y se relacionan en alguna medida con ella. Así, la desaparición de una especie no es un hecho aislado sino que acarrea consecuencias para el medio en que vive. Por ello y por otras razones que se exponen más adelante, es importante preservar el mayor número de especies que sea posible, luchando contra las extinciones que genera el progreso de la humanidad.
En el caso de la gestión de la flora amenazada, son varios los argumentos que se manejan (Given 1994) a la hora de defender, de una manera genérica, la conveniencia de conservar estas especies. En nuestro entorno más próximo pueden encontrarse casos que avalan la realidad de tales argumentos. A continuación se exponen esas consideraciones de una manera muy resumida. a)Valor económico de las plantas como recurso para la humanidad Por ejemplo, A lo largo de la historia unas 3.000 especies han sido utilizadas como fuente de alimento, sin embargo solo una mínima parte de ellas ha sido comercialmente cultivada. El potencial que acumulan para este uso las aproximadamente 7.000 especies que se calculan comestibles (Myers 1985), es demasiado grande como para ser ignorado por estrechez de miras.
b)Mantenimiento de la estabilidad del medio natural
Los organismos del medio natural crean entre sí una densa red de interacciones que proporciona beneficios a todos ellos. Cuanto mayor sea la diversidad biológica, mayor será la complejidad de esta red y, mayores serán las posibilidades de que el sistema resista a factores que afecten de manera negativa a uno o varios de sus componentes. La estabilidad de los ecosistemas muestra una relación directa con la magnitud de dos parámetros ecológicos: “diversidad biológica” y “complejidad del sistema”.
c)Importancia científica de las plantas El valor científico de estas especies es múltiple y abarca a campos de investigación tan dispares como la bioquímica, medicina, nutrición, ecología, citología, paleontología, y un largo etcétera en el que se incluyen campos tan en boga como la genética, la dinámica de poblaciones, y el estudio de los procesos de extinción. La comprensión de los procesos que llevan a la rarefacción y desaparición de especies, llevará a una más correcta implementación de medidas correctoras que aseguren la conservación del patrimonio natural.
d)Mantenimiento de opciones futuras
Poco es lo que sabemos ahora sobre las necesidades futuras de la sociedad en relación con los beneficios que puedan obtenerse de plantas silvestres. Solo un mínimo porcentaje de ellas ha sido estudiado con fines medicinales, alimenticios, ornamentales. Sin embargo, de lo que ya se sabe puede inferirse que la flora silvestre alberga indudables bienes.
e)Valoración estética de las plantas
La apariencia estética es uno de los principales desencadenantes de las actividades de conservación. La atracción que generan especies como el oso panda, el tigre y otras (en el entorno de España serían el lince ibérico, águila imperial, oso pardo…), han empujado a numerosas administraciones a tomar costosas medidas para evitar su desaparición. En el caso de las plantas, este fenómeno es menos llamativo por el general desconocimiento respecto al reino vegetal y, quizá, por su menor atractivo visual y emotivo. Aunque se pueden citar algunos ejemplos como el caso de la conservación de numerosas especies de orquídeas en Australia (Ziegler 1997); de Norteamérica es mundialmente conocido el caso de las sequoias gigantes (Sequoiadendron giganteum); por último, dentro de nuestro entorno cercano, existe el ejemplo del drago (Dracaena drago) en las Islas Canarias.
f)Factores morales La expresión más simple de los argumentos morales en favor de la conservación, es la siguiente (Given 1994): “Es inmoral exterminar especies”. Se trata de una consideración subjetiva, válida por sí misma y que quizá ni siquiera necesite ser defendida con razonamientos, ya que está enraizada en un fondo de moral religiosa o de creencias personales.
Debido a estas razones y a las presiones que están sometidas las poblaciones de Armeria merinoi, su escaza plasticidad y la especificidad de su habitad.
Se propone hacer una reintroducción que consiste en introducir individuos en los lugares que encajen con el rango histórico de la especie y con las condiciones ambientales aptas para la misma. La reintroducción se realizara utilizando plántulas procedentes de las diferentes poblaciones ya que no están muy separadas unas de otras además con el propósito de disminuir los posibles casos de endogamia que podrían ocurrir debido a los pocos individuos de las poblaciones.
Además se propone realizar un reforzamiento en las poblaciones bajo estudio (Melide y Toques), que consistirá en incorporar nuevos individuos en dichas poblaciones ya existentes, originarias de la misma población o de otras poblaciones de la misma especie.
Se cree (Given 1994) que en la tierra conviven al menos 5 millones de especies, quizá tantos como 30 millones. De ellos, unos 235.000 corresponden a plantas con flores, mientras que unos 325.000 son plantas sin flores como algas, hongos, líquenes, musgos y helechos. Todos ellos son importantes para el mantenimiento de los ecosistemas terrestres puesto que ocupan un lugar dentro de la compleja red de interacciones que existe entre los diferentes organismos de esos ecosistemas. La desaparición de una especie acarrea consecuencias, generalmente desconocidas para el hombre, para otras especies de su entorno que conviven y se relacionan en alguna medida con ella. Así, la desaparición de una especie no es un hecho aislado sino que acarrea consecuencias para el medio en que vive. Por ello y por otras razones que se exponen más adelante, es importante preservar el mayor número de especies que sea posible, luchando contra las extinciones que genera el progreso de la humanidad.
En el caso de la gestión de la flora amenazada, son varios los argumentos que se manejan (Given 1994) a la hora de defender, de una manera genérica, la conveniencia de conservar estas especies. En nuestro entorno más próximo pueden encontrarse casos que avalan la realidad de tales argumentos. A continuación se exponen esas consideraciones de una manera muy resumida.
a) Valor económico de las plantas como recurso para la humanidad
Por ejemplo, A lo largo de la historia unas 3.000 especies han sido utilizadas como fuente de alimento, sin embargo solo una mínima parte de ellas ha sido comercialmente cultivada. El potencial que acumulan para este uso las aproximadamente 7.000 especies que se calculan comestibles (Myers 1985), es demasiado grande como para ser ignorado por estrechez de miras.
b) Mantenimiento de la estabilidad del medio natural
Los organismos del medio natural crean entre sí una densa red de interacciones que proporciona beneficios a todos ellos. Cuanto mayor sea la diversidad biológica, mayor será la complejidad de esta red y, mayores serán las posibilidades de que el sistema resista a factores que afecten de manera negativa a uno o varios de sus componentes. La estabilidad de los ecosistemas muestra una relación directa con la magnitud de dos parámetros ecológicos: “diversidad biológica” y “complejidad del sistema”.
c) Importancia científica de las plantas
El valor científico de estas especies es múltiple y abarca a campos de investigación tan dispares como la bioquímica, medicina, nutrición, ecología, citología, paleontología, y un largo etcétera en el que se incluyen campos tan en boga como la genética, la dinámica de poblaciones, y el estudio de los procesos de extinción. La comprensión de los procesos que llevan a la rarefacción y desaparición de especies, llevará a una más correcta implementación de medidas correctoras que aseguren la conservación del patrimonio natural.
d) Mantenimiento de opciones futuras
Poco es lo que sabemos ahora sobre las necesidades futuras de la sociedad en relación con los beneficios que puedan obtenerse de plantas silvestres. Solo un mínimo porcentaje de ellas ha sido estudiado con fines medicinales, alimenticios, ornamentales. Sin embargo, de lo que ya se sabe puede inferirse que la flora silvestre alberga indudables bienes.
e) Valoración estética de las plantas
La apariencia estética es uno de los principales desencadenantes de las actividades de conservación. La atracción que generan especies como el oso panda, el tigre y otras (en el entorno de España serían el lince ibérico, águila imperial, oso pardo…), han empujado a numerosas administraciones a tomar costosas medidas para evitar su desaparición. En el caso de las plantas, este fenómeno es menos llamativo por el general desconocimiento respecto al reino vegetal y, quizá, por su menor atractivo visual y emotivo. Aunque se pueden citar algunos ejemplos como el caso de la conservación de numerosas especies de orquídeas en Australia (Ziegler 1997); de Norteamérica es mundialmente conocido el caso de las sequoias gigantes (Sequoiadendron giganteum); por último, dentro de nuestro entorno cercano, existe el ejemplo del drago (Dracaena drago) en las Islas Canarias.
f) Factores morales
La expresión más simple de los argumentos morales en favor de la conservación, es la siguiente (Given 1994): “Es inmoral exterminar especies”. Se trata de una consideración subjetiva, válida por sí misma y que quizá ni siquiera necesite ser defendida con razonamientos, ya que está enraizada en un fondo de moral religiosa o de creencias personales.
Debido a estas razones y a las presiones que están sometidas las poblaciones de Armeria merinoi, su escaza plasticidad y la especificidad de su habitad.
Se propone hacer una reintroducción que consiste en introducir individuos en los lugares que encajen con el rango histórico de la especie y con las condiciones ambientales aptas para la misma. La reintroducción se realizara utilizando plántulas procedentes de las diferentes poblaciones ya que no están muy separadas unas de otras además con el propósito de disminuir los posibles casos de endogamia que podrían ocurrir debido a los pocos individuos de las poblaciones.
Además se propone realizar un reforzamiento en las poblaciones bajo estudio (Melide y Toques), que consistirá en incorporar nuevos individuos en dichas poblaciones ya existentes, originarias de la misma población o de otras poblaciones de la misma especie.